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domingo, enero 17, 2021

La filosofía para las transformaciones históricas

Columna: Utopías Objetivas

Por: Jorge Félix Calva Cano

Licenciado en Filosofía e Historia de las Ideas, y Estudiante de Derecho por la UACM, curso la Maestría en Administración Publica. Entre otras actividades soy conferencista, gestor y promotor cultural.

Durante mucho tiempo los gobiernos neoliberales han intentado terminar con la filosofía, sacarla de los planes de estudio desde la educación básica hasta la superior. Los actores políticos no entienden la necesidad de comprender los fenómenos del pasado, de entender las ideas y su implicación en el mundo, si los encargados de la educación entendieran que las ideas son necesarias para la evolución, entonces invertirían más en incluir la filosofía en las actividades diarias.

Cuando cursaba la preparatoria no era un buen estudiante, debo admitir que inclusive me aburría el estudio. No obstante conforme fueron pasando los meses, me fueron apasionando la ciencia y las artes, yo estudie en una de las preparatorias de la Ciudad de México (IEMS), ahí llevaba materias de ciencias exactas como lo es la Física, Biología, Matemáticas y Química, eran mis materias favoritas, además de que los maestros y maestras eran muy atentos, dedicados y comprensivos con la etapa formativa de quienes éramos estudiantes en ese momento.

Las otras materias que cursaba pertenecían al área de humanidades y sociales. Teníamos una materia que se llamaba Artes Plásticas, ahí nos enseñaban a dibujar, pintar, esculpir, además de la parte teórica de las distintas corrientes artísticas a lo largo de la Historia. Esa materia me cautivó, me gustaba conocer el desarrollo de las artes, su implicación en una época determinada y cómo es que una época criticaba la anterior por medio de expresiones artísticas; eran como revoluciones pacíficas.

Entre todas las ciencias sociales y humanas, había una que no me gustaba, la Filosofía, se me hacia una materia poco productiva, pensada en reflexiones del pasado y un tanto espiritual, además de que la lógica me parecía complicada, eso provocó que reprobara dicha materia un par de semestres.

Posteriormente seguía sintiendo más aprecio por las ciencias exactas que por la Filosofía, pero un día se me ocurrió leer una crítica a la Filosofía, La tesis de Feuerbach, en ella menciona que “los filósofos no ha hecho nada más que interpretar el mundo y de lo que se trata es de transformarlo”, esa frase se me quedó muy marcada y de una extraña manera logré congeniar un gusto con un disgusto. Es decir, mi pasión por la ciencia y mi disgusto por la Filosofía.

Comprendí que no estaba mal la Filosofía, al contrario se le tenía que dotar de un sentido, hacer algo. En ello reflexioné cómo las artes eran expresiones de procesos de cambio en el mundo, entonces no estaban muy desvinculadas de la Filosofía, ya que se tenía que comprender de forma analítica esos cambios, dar explicaciones y resultados, comprendí que la ciencia era producto de las ideas que habían sido demostradas en casos prácticos como revoluciones.

Al ver entonces que la filosofía tenía más sentido como base del todo, y ver que casi nadie estudiaba filosofía o que estaba muy acotada su enseñanza, me empecé a preocupar. En ese momento también atravesábamos una reforma educativa con el gobierno de Felipe Calderón, donde se eliminaban las materias de Ética y Civismo de la educación básica, situación que me motivó a estudiar algo que estaba desapareciendo (no dejar que muriera algo tan importante en el mundo).

Cuando ingresé a la universidad, no dudé en escoger como formación superior la Filosofía, además de que me sentí atraído por el nombre complementario de “Historia de las ideas”, sentía que el pensamiento filosófico no debe basarse en conclusiones espontaneas e interpretativas, sino que el pensamiento filosófico contemporáneo debe ser producto de la interpretación histórica de los fenómenos de la humanidad. No se podría comprender una conclusión filosófica, sino se conocen, saben y entienden sucesos del pasado.

En la Universidad Autónoma de la Ciudad de México como en otras universidades, se fomentaba mucho la rivalidad entre colegios, los de tecnología contra los de sociales y humanidades. Para muchos compañeros universitarios la rivalidad era necesaria para demostrar quién era mejor, creían que la humanidad no podía existir sin científicos y que todo lo demás no era necesario. Por otra parte los de sociales fomentaban más el apoyo a las sociales y menos a las ciencias, culpando a las ciencias de la crisis de la modernidad y el calentamiento global.

Las dos expresiones se me hacían falacias, generalidades que pretendían aniquilarse provocando con ello un estancamiento de ambos colegios. Entendí entonces que la crisis estaba en la falta de comprensión de la importancia de existencia de ambas ramas científicas; las tecnologías y las ciencias sociales y humanas, que sin una no puede existir la otra. Y aunque Thomas Kuhn, ya había explicado desde la Filosofía, la conjugación de las ciencias exactas y las sociales en la humanidad, parecía, en ese sentido que en la universidad vivíamos en el siglo 470 a.e.

Por ello es importante que el filósofo tenga una ideología clara, una guía por medio de la cual logré dar interpretación a los fenómenos de la realidad, logré esclarecer  aquello que en apariencia es incomprensible. Por ello es que en la UACM se plantea que el estudiante egrese con herramientas teóricas para detectar problemas y darles una solución.

Y exactamente de eso se trata la filosofía en la UACM, de hacer que el estudiante logre contextualizar históricamente los temas, autores y problemas filosóficos, pudiendo así ofrecer a nuestra realidad una problematización y solución crítica e interdisciplinaria a los fenómenos del mundo.

Síguelo en:

Twitter: @J_Felix_Mx     

FB: @jorgefelix.canocalva

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