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domingo, febrero 28, 2021

1° de diciembre. Resistencia y esperanza

Por: René González

El 1° de diciembre es una fecha cargada de simbolismo e historias de lucha para el pueblo de México. A la luz de la Cuarta Transformación que encabeza el presidente Andrés Manuel López Obrador, es preciso refrendar los significados de esta fecha, en términos de resistencia, memoria y esperanza.

  • 1988, la idea de tomar Palacio Nacional.

El 1° de diciembre de 1988, Carlos Salinas de Gortari usurpó el poder tras el fraude electoral cometido por el régimen priista al Ing. Cuauhtémoc Cárdenas, candidato del Frente Democrático Nacional. Ese día fue una fecha accidentada para el movimiento democrático en ciernes, que durante la campaña había cimbrado al país con los reflejos del cardenismo en el México profundo que originó movilizaciones de masas nunca antes vistas en la época del partido, prácticamente único de estado, en La Laguna, Ciudad Universitaria de la UNAM, la Plaza Roja de Zacatenco en el IPN, Morelia, Ciudad Nezahualcóyotl y el Zócalo, que fueron sedes de apoteósicos mítines.

Un Palacio Nacional rodeado por miles de soldados, Policía Militar, centenares de trajeados de casquete corto del Estado Mayor Presidencial y los infaltables granaderos, fue el escenario de trifulcas protagonizadas por piquetes de ciudadanos enardecidos por el fraude electoral, el desempleo y las devaluaciones de los años 80, que de manera espontánea y sin otras experiencias de lucha, insistían -en su mayoría de buena fe-, en acudir al Zócalo para entrar a palacio y evitar la imposición.

Con posters de Cuauhtémoc Cárdenas cientos de ciudadanos se enfrentaban a los toletes y escudos de los cuerpos policíacos y la policía vestida de civil; al grito de: “el pueblo votó y Cárdenas ganó”, y en algún momento de la incendiaria jornada lograron quemar una enorme manta del PRI arrancada de un edificio al grito incesante de “muera el PRI, muera el PRI”. Por su parte, convocados por Cuauhtémoc, Superbarrio Gómez y los dirigentes del FDN, la mayoría de los inconformes con el fraude electoral hicieron eco al llamado de no caer en la violencia y marcharon hacia el Hemiciclo a Juárez, donde se desplegó una enorme manta que decía: “La Constitución ha muerto”.

  • 2000, Fox traidor a la democracia.

Vicente Fox desde el 1° de diciembre del año 2000 mandó un claro mensaje: Su gobierno sería uno más de la línea gatopardista neoliberal. Esa línea política fincada en la simulación que durante las campañas electorales vendía ideas de cambio para lograr el objetivo que todo siguiera igual.

Fox logró engañar a la ciudadanía del cambio de siglo, también harta de la crisis económica y la asfixia política, e incluso sectores de izquierda “intelectual” se fueron con la finta del vaquero de la Coca Cola; sin embargo, desde el primer instante de su asunción al poder el verdadero cariz de los gobiernos panistas quedó marcado: la policía federal preventiva que recién se había estrenado unos meses antes en el desalojo de la huelga estudiantil de la UNAM, la misma vieja policía civil y militar, y el cuerpo de granaderos impidieron el paso a toda protesta no solo en el recinto de la Cámara de Diputados y el Zócalo, sino en todo el primer cuadro de la ciudad, y fueron tristemente notables -aunque escasos medios de comunicación lo informaron-, los enfrentamientos de maestros, organizaciones sociales, estudiantes y sindicatos independientes contra la policía que los recibió con vallas, gas lacrimógeno y fuerza bruta en las inmediaciones de la torre Latinoamericana y Bellas Artes.

El mismo día que recibió la banda presidencial Fox se quitó la máscara y ya sin tapujos asomó el verdadero rostro del panismo conservador que se había presentado gracias al marketing político como “alternativa de cambio”; desde ese primer día en el poder, el guanajuatense hizo todo lo que estuvo en sus manos para defraudar a su electorado y traicionar a la Patria y al pueblo de México.

  • 2006, Calderón entró por la puerta de atrás.

Quizá el 1° de diciembre que más punza en nuestra memoria -en función de los ecos de la resistencia civil-, es el del invierno del 2006. Habíamos refrendado la mayoría electoral para el movimiento democrático en la Ciudad de México en el 2000, contra viento y marea Andrés Manuel López Obrador fue electo jefe de Gobierno y realizó una obra pública y social sin precedente, que lo catapultó como el candidato presidencial de un pueblo fastidiado de corrupción, desigualdad, pobreza y fraudes; sin embargo, el maridaje del PRIAN decidió cerrar el paso a la posibilidad de perder el poder y ejecutó desde el uso faccioso de las instituciones del Estado, el desaseado proceso de desafuero, mismo que vencimos con la fuerza emergente de una ciudadanía despierta y organizada, que más allá de partidos se identificó como el movimiento obradorista.

Ese 1° de diciembre veníamos de la experiencia de lograr vencer el desafuero, pero nos topamos en lo subsecuente con el fraude electoral; entonces realizamos el inmenso campamento del Zócalo al Auditorio Nacional, dimos el Grito de los Libres sin permitir al régimen foxista ocupar todo el Zócalo el 15 de septiembre de 2006, y después el 20 de noviembre nombramos a AMLO Presidente Legítimo de México, a través de la Convención Nacional Democrática que condensó y dio forma a las nuevas etapas de lucha. No obstante, con todo y la certeza de mantener nuestra lucha en el terreno de la no violencia y la resistencia civil, pacífica y activa, y aunque las evidencias de fraude cundieron ante los ojos del mundo, el espurio Felipe Calderón no aceptó el conteo voto por voto, y se consumó la imposición apoyada por la vieja mafia del poder.

Las vallas de seguridad ya no eran vallas, sino paredes enteras de metal que los panistas colocaron en todo el perímetro A y B del centro histórico de la Ciudad de México. Aun así, de manera cívica ese 1° de diciembre volvimos a ganar, ocupar y refrendar la plaza mayor como nuestra, del pueblo, de la gente.

Narró el diario La Jornada de aquel inolvidable día: “Frente a una multitud que llenó el Zócalo y marchó luego con él hasta Paseo de la Reforma y Lieja, Andrés Manuel López Obrador advirtió que no cederá en la lucha contra la “minoría rapaz” que se robó la elección del 2 de julio y se impuso “con un golpe de Estado” en la Presidencia de la República. “Nada de normalidad política mientras no haya democracia en el país”, exclamó en la Plaza de la Constitución colmada de miles de simpatizantes, familias enteras que desde muchos estados de la República acudieron muy temprano a su llamado para protestar por “la imposición” de Felipe Calderón”.

Aquel 1° de diciembre de 2006 un mar humano inundó nuevamente la ruta del Zócalo al Auditorio, en algunos momentos se volvió imposible caminar entre el gentío; en un inició la multitud clamaba por ir al Palacio de San Lázaro a evitar la consumación del atraco, pero cupo la serenidad del dirigente para no caer en la provocación sin renunciar al derecho de rechazar el oprobio, decía la citada crónica: “Con la recomendación de no pintar paredes, ni romper un solo vidrio, a las nueve de la mañana con cinco minutos arrancó la marcha, con López Obrador en la descubierta, acompañado por los dirigentes del PRD, el PT e integrantes de su gobierno legítimo. Al nutrido contingente, de más de 200 mil integrantes, se le fue sumando más gente en el camino. De hecho, todo el trayecto hubo una valla de simpatizantes, que crecía al tiempo que la movilización avanzaba. En Juárez y las glorietas de Colón y La Palma, miles de capitalinos esperaban a López Obrador y se sumaron a la marcha. Al llegar al Ángel, el tabasqueño no pudo dejar de sonreír. Cuando se supo que Calderón había rendido protesta, el enojo se tradujo en consignas: “Va a caer, va a caer, el espurio va a caer” o en coros rimados a última hora: “Chaparro y pelón, no te quiere la nación”.

En las rejas de Chapultepec, Rosario Ibarra y AMLO realizaron arengas para el porvenir, mientras la zona aledaña también estaba sitiada. Ahí la incansable Rosario Ibarra describió la bochornosa toma de protesta de Calderón y la comparó, con un López Obrador “caminando con su pueblo”. Mientras el tabasqueño afirmó a los cuatro vientos: “Es un honor ser dirigente de hombres y mujeres libres como ustedes. Por eso me siento muy fortalecido”.

En una de sus esplendidas memorias del momento, Jaime Avilés detalló: “Un ciclo terminó ayer. La gente, ah, la gente hecha de cientos de miles de personas indignadas, caminó sobre los dos sentidos del Paseo de la Reforma delante, detrás y a los lados de Andrés Manuel López Obrador, para cumplir, así fuera ya de modo simbólico, el último de los tres acuerdos que adoptó entre julio y septiembre, durante el histórico plantón del Zócalo: Impedir la toma de posesión del “presidente espurio”. Este había logrado colarse al Palacio Legislativo de San Lázaro y ponerse, él mismo, la banda tricolor, pero la gente, ah, la gente, de todas maneras, marchaba contenta porque la zacapela de tres días que se había desarrollado en el Congreso de la Unión y esa protesta demostraban que el supuesto “vencedor” oficial de los comicios del 2 de julio seguía entrando a todas partes por la puerta de atrás y el mundo tenía que preguntarse a qué se debía eso. ¿Pues no que ganó? ¿Y entonces?”

Luego de caminar horas bajo el sol, bajo una ciudad sitiada, terminó la movilización de ese 1° de diciembre, contó Avilés para la historia: “la gente alzó el puño izquierdo o los dedos de la V de la victoria y rompió a entonar el Himno Nacional en su versión grabada, es decir, mucha más rápida de lo que se canta a capela, y después de escuchar que había una persona lastimada y que necesitaba un médico, y de saber que algunos provocadores lanzaban objetos contra los granaderos, la gente empezó a caminar en sentido opuesto, de nuevo hacia el Zócalo, y a querer o no se fue saliendo del Paseo de la Reforma y entrando, cada quien, poco a poco, en su propia soledad, sin saber hasta cuándo volverá a verse reflejada en el gran espejo que es ella misma, la gente, ah, la gente…”

  • 2018-2019, el triunfo del pueblo organizado.

El 1° de diciembre de 2018 cientos de miles de personas y representantes de los pueblos indígenas y pueblo afro mexicano de nuestra Patria acompañaron a AMLO a la toma de protesta de la esperanza.

El 1° de diciembre de 2019 cientos de miles, quizá algunos los mismos, quizá los nadie, quizá los nietos, sobrinos o hijos de aquellos ciudadanos que padecieron o padecimos los fatídicos primeros de diciembre del prianismo y sus fraudes nuevamente acompañamos al presidente López Obrador quien rindió su informe a un año de la Cuarta Transformación de México.

  • 2020, 71% de mexicanos apoya la 4ª T.

Este 1° de diciembre en la lucha del pueblo contra los estragos de la pandemia, lo acompañamos de manera virtual, y sabemos que el 71% de los mexicanos deseamos que siga como nuestro presidente hasta el 2024.

Ya no habrá más primeros de diciembre. Más que los nuestros, los de nosotros, los de la victoria y esperanza del pueblo organizado. Paradójicamente por una reforma del Pacto por México vía el decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 10 de febrero de 2017, a partir de 2024 el próximo jefe del Ejecutivo entrará en funciones el 1 de octubre, reduciendo dos meses el periodo de transición entre la elección y la toma de protesta. Así, el periodo presidencial de López Obrador concluirá el 30 de septiembre de 2024. En este largo camino de la vida pública reciente, recuperamos juntos el 1° de diciembre como una fecha para la memoria y la esperanza.

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Twitter: @renegonzalez12

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